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De la contemplación a la acción

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De la contemplación a la acción

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De la contemplación a la acción
(Lunes Santo)

Por: Eusebio Ruiz Ruiz.

Faltaban seis días para la fiesta de la Pascua Judía, Jesús fue de visita a Betania, quería ver a sus amigos Marta, María y Lázaro, los tres eran hermanos; ya había pasado uno de los grandes prodigios de Jesucristo: La resurrección de Lázaro. ¿Podemos imaginar lo agradecido que estarían con el Hijo de Dios las dos mujeres? ¿Qué experiencia estaría viviendo Lázaro después de haber pasado de la vida a la muerte y de la muerte a la vida? ¿Podemos creer la resurrección de un cadáver en plena descomposición? En fin, los milagros solamente Dios los hace.

Cuando Jesús llegó a la casa de estos tres hermanos le ofrecieron de cenar, Marta acomodaba los platos y servía la cena, Lázaro lo acompañaba en la mesa, María le ungió los pies con un costoso perfume y los enjugó con su cabellera, el olor del perfume se extendió por toda la casa; el varón y las dos mujeres lo atendieron cada uno a su manera.

Marta era la mujer hacendosa, acostumbrada al servicio, un día, dejándose llevar por su temperamento y su impaciencia, ante tanto quehacer de la casa, se quejó con el Señor: ¿no te importa que mi hermana me haya dejado para atender?. Dile que me ayude”, mientras tanto María escuchaba a Jesús, la respuesta del Señor fue: “Marta, Marta, tú andas preocupada y te pierdes en mil cosas, una sola es la necesaria. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada” (Lc 10, 41-42).

María era la hermana menor, tranquila, cada vez que Jesús los visitaba se dedicaba a escuchar sus palabras, ella entendía y apreciaba la presencia del Señor; el perfume utilizado, por muy costoso que fuera, no importaba su valor, lo más importante era el visitante, había que atenderlo de la mejor manera.

María es la mujer contemplativa, lo escucha, lo mira cara a cara, lo atiende; Marta es la mujer del trabajo, de la acción, con su labor doméstica también lo atiende. Pensar que María sólo contemplaba y no hacía nada o que Marta sólo trabajaba y nunca contemplaba a Jesús, sería absurdo, si así fueran no serían unas buenas seguidoras de Cristo. Cuando Lázaro estaba enfermo, Marta no confió en médicos ni en las medicinas, sino que mandó llamar a Jesús y junto con María elevó una oración: “Señor, el que tu amas está enfermo” (Jn 11.3), ambas, la hacendosa y la contemplativa ponían su fe en el amigo Jesús. Cuando Lázaro muere y Marta sabe que Jesús ha llegado a Betania, sale al encuentro de Él y manifiesta su fe cuando le dice a Jesús: “Yo sé que puedes pedir a Dios cualquier cosa, y Dios te la concederá” (Jn 11, 22). María, la contemplativa, permanecía en casa, atendía a los judíos que la acompañaban y consolaban por la muerte de su hermano. En ellas se conjugaba la relación con el Hijo de Dios y el trabajo ordinario, quizás María destacaba más por escuchar al Maestro y Marta se distinguía más por su trabajo.

María y Marta representan lo que el cristiano debe de hacer: Orar, contemplar y escuchar a Jesús, además de trabajar con todas sus fuerzas y ganas. Los Misioneros del Espíritu Santo tienen un lema que resume muy bien estas ideas: “Ante todo contemplativos y después hombres de acción”. Primero se elige la mejor parte: Jesucristo, como lo hizo María, y después hay que entrarle con ganas al trabajo, como Marta.

Ahí en la casa también estaba Judas Iscariote, en su mentalidad materialista, cuestionó la acción de amabilidad, cariño y agradecimiento de María, él apóstol traidor decía que mejor los trescientos denarios que costaba ese perfume lo hubieran repartido entre los pobres, el Evangelio aclara que a Judas no le interesaban los pobres, sino que como era el encargado del dinero robaba parte de lo que se juntaba, si esos trescientos denarios hubieran caído en sus manos ¿con cuántos se hubiera quedado?.

En este episodio del Evangelio ya se ve la traición de Judas, utiliza malignamente algo bueno: repartir el dinero a los pobres, las intenciones malignas se hacen notar cuando con su argumento en defensa del pobre quiere causar la división en contra de Jesús, ya se ven sus malas intenciones. Recordemos que el dinero se necesita, que es un medio, pero cuando el dinero se endiosa enferma a la persona que lo tiene, se desequilibra: Judas entregó a Jesús por 30 monedas de plata, era el precio, según los eruditos, de un cordero pascual o el precio que se pagaba por un esclavo que moría víctima de un animal de labranza.

Los ideales de Judas Iscariote, definitivamente, no eran los ideales de Jesucristo.

El estilo de vida de Marta, María y Lázaro sí correspondía a lo que Jesucristo quiere de sus seguidores.

La Semana Santa en la que hoy estamos es para vivirla, hacer un alto en el ajetreo de nuestra vida, detenernos para escuchar a Jesús, escuchar su mensaje, atenderlo, contemplarlo como lo hizo María, pasarán rápido estos días santos, después hay que ponerle ganas al trabajo, así como Marta, pero ya fortalecidos por la presencia de Cristo nuestro hermano mayor.