Grupo Metrópoli

No es normal

Por: Carmen Munguía

Podemos tener opiniones distintas, variedad de discursos respecto a los diferentes asuntos y problemas públicos, pero si en algo me parece que la mayoría de las personas estamos de acuerdo, en aquello en donde existe voluntad y consenso, es en donde se involucra a la infancia, sencillamente no queremos que nadie lastime a un solo niño o niña, permitírnoslo, sería inhumano.

Sin embargo, cada tanto y desafortunadamente, cada vez más frecuentemente, aparece una noticia que nos estruja respecto a niñas y niños. No sólo son las muertes en estancias infantiles que no dejan de ocurrir en el país, también están los homicidios de niñas y niños en donde de alguna forma está involucrado el crímen organizado.

La noticia que apareció estos días y que me dejó consternada fue respecto a una niña de tres años y un niño de ocho, respectivamente, que fueron “levantados”, torturados, calcinados y arrojados a un canal en Tijuana. Por supuesto, no queremos si quiera imaginar las escenas, porque es inconcebible que se pueda llegar a algo tan despiadado.

Definitivamente esto no es normal, y es importante decirlo cuantas veces sea necesario: ¡no es normal! para que no dejemos de consternarnos, de extrañarnos, de conmovernos, de indignarnos. No podemos jamás acostumbrarnos a leer este tipo de noticias, a bajar la cabeza y resignarnos a que sean parte de la normalidad, de nuestra cotidianidad.

Y es que, en el país, por supuesto, contamos con un marco legal para proteger a la infancia, e incluso, al igual que casi todos los países del mundo, México es parte de la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989 y de otros instrumentos internacionales para proteger los derechos infancia.

El gran problema aquí es la impunidad, el que estos delitos simplemente sucedan sin que exista justicia ejemplar y sin que se  dé prioridad al momento de impartirla, considerando que se trata de niñas, niños y adolescentes. 

Entonces, por supuesto que debemos y es natural indignarnos, pero también, las autoridades, por su parte, deben de tener en cuenta que los delitos se están cometiendo no en contra de “criaturitas” o “personitas”, sino en contra de niñas y niños con derechos, derechos que son agraviados severamente, a tal grado que no hay manera de repararlos en su totalidad, porque las víctimas están muertas. Empero, debe haber justicia.

Es absolutamente inadmisible que deudas que personas adultas tengan con el narcotráfico sean tomadas como una razón o motivo válido para hacerle daño a nuestra niñez. Finalmente, algunas personas quizás al leer todo esto, piensen, “bueno, al menos eso pasó en Tijuana y no aquí”, tratando de buscar cierto grado de alivio, de calma, de tranquilidad, sin embargo, lo realmente grave es el hecho por sí mismo, no tanto el lugar, porque probablemente existan historias similares en los distintivos estados del país. Así que en Tijuana y en cualquier rincón de México, el mensaje es el mismo, por favor, no nos acostumbremos a la violencia en ninguna de sus formas, mucho menos en contra de la infancia, porque no es normal.

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