Grupo Metrópoli

“Cada pueblo tiene el Gobierno que se merece”

Por Mario Ozziel Reyna Guajardo

“Cada pueblo tiene el Gobierno que se merece”, que gran verdad en esa frase se esconde. Realmente resulta ser un enunciado que hemos escuchado con cierta frecuencia, no obstante, considero que nunca nos hemos detenido a fraguar el verdadero significado de ella.

Primeramente, dicha frase se le atribuye a Joseph de Maistre (1753-1821). De manera similar existe la frase “No es que la gente tenga el Gobierno que se merece, sino que tienen a los gobernantes que se le parecen” por André Malraux (1901-1976); un poco más acertada en mi opinión, pero podemos rematar con la frase de José Martí (1853-1895): “Pueblo que soporta a un tirano, se lo merece”.

Ahora bien, antes de entrar al desglose de dicha frase, es primordial consultar los datos fríos de nuestro país:

Todo ello se suma a las noticias diarias, en las que atestiguamos nombres y apellidos de políticos a quien se le presume que cometió un fraude, o bien, que el crimen organizado ha cometido más crímenes, cobrando un impuesto o derecho de piso a los negocios.

Esto, sumando el desvío de recursos públicos ocasiona una tasa de impuesto alta, necesaria para poder obtener los recursos suficientes para procurar la infraestructura del País, no obstante estás altas tasas privan de recursos a los empresarios, que se ven imposibilitados para hacer acrecentar su negocio, lo que, a su vez, ocasiona despidos en los trabajadores con los que se cuenta y evita el empleo de varios, lo que conlleva un alza en la tasa de desempleo, y estas personas desempleadas, desesperadas, optan por el camino fácil del crimen, lo que tiene como consecuencia un círculo vicioso del que pareciera que no podemos escapar. Todo por la avaricia de unos pocos.

Por otro lado, las campañas de desprestigio son el cáncer de la política mexicana, es virtualmente imposible cerciorarse de la veracidad de los candidatos a la política.

Esto implica también que, cuando llegue una persona realmente dispuesta a hacer un cambio la comenzaremos a ver a la sombra de los demás, o cualquier “rumor” sobre algún fraude comenzará a surgir y no tendremos más que condenarlo, igual que a los demás.

Sin embargo, no es la intención atreverme a señalar culpas. Porque precisamente el objeto de este texto es otro: Todos tenemos la culpa de esos números que vimos enlistados.

¿Por qué todos cargamos con los pesares del yerro?

Como mencioné, la frase de André Malraux es la que más me parece más acertada se debe a lo siguiente: los políticos que se encuentran rigiéndonos no son caídos del cielo, son ciudadanos que, como tú y como yo, nacieron de padres mexicanos, en una familia mexicana, con los valores y morales propios de la sociedad mexicana, educados en escuelas mexicanas.

Entonces, el Gobierno y el Pueblo no son entes distintos: Gobierno y Pueblo, en esta democracia, son dos ramas del mismo árbol: nuestra sociedad. Esto nos conduce a la verdad que difícil se asoma: los gobernados también son corruptos.

Ello, en la inteligencia de que la corrupción y la falta de moral y ética no son exclusivos de la gente que está en el poder, pues si nos vamos al significado etimológico de la palabra, nos toparemos con que el significado de “corrupción” conlleva una destrucción de valores y una distorsión de los principios que sostenían la idea primigeniamente concebida. Aquél que miente, que traiciona, que roba, que ofrece sobornos, que recibe sobornos, se encuentra cometiendo actos corruptos.

La regeneración hacia un mejor gobierno y sociedad comienza por nosotros mismos. La sociedad como tal constituye las raíces del árbol de donde surge el Pueblo y el Gobierno, por lo que a pesar de las manifestaciones y/o protestas a los Gobiernos en turno, si las raíces del árbol están torcidas, las ramas terminarán apuntando hacia un lugar torcido.

Consecuentemente, deseamos un cambio deberemos comenzar a corregir las raíces, ejerciendo y practicando las virtudes. Enalteciendo a quien no comete el acto corrupto y se conduce con transparencia y, al contrario, no enaltecer a quien se corrompe por bienes materiales, señalando lo “listo” que es.

Por último, si sientes que no mereces el Gobierno en turno. ¿Qué esperas para comenzar a corregir sus raíces torcidas?

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