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Algo sobre discriminación por Carmen Lucía Munguía Gallegos

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Algo sobre discriminación por Carmen Lucía Munguía Gallegos

Algo sobre discriminación

Hablemos de discriminación. Hace tiempo, la humanidad se dio a la tarea de luchar en contra de la segregación racial, podemos recordar en Estados Unidos a Martin Luther King Jr. en 1963, por ejemplo, con su gran discurso público “I have a dream” y a Nelson Mandela en Sudáfrica,  combatiendo el apartheid. Pero la discriminación no se da sólo por el color de la piel, ojalá ese fuera el único motivo, así la lucha sería más sencilla, quizás, pero desafortunadamente no es así.

Se discrimina por distintas y numerosas razones, como el género, la preferencia sexual, el nivel socioeconómico, por ser indígena o tener algún tipo de discapacidad, por ser una persona en situación de migración, debido a la nacionalidad o la religión, por mencionar unas cuantas.

Con la reforma constitucional del 10 de junio de 2011, en México quedó prohibida explícitamente la discriminación por preferencias sexuales, sí, y es que el ahora párrafo quinto del artículo primero de la Carta Magna que mencionaba que quedaba prohibida la discriminación por “preferencias”, siendo este solitario término definitivamente ambigüo, se complementó e incluye desde la reforma de 2011, la palabra “sexuales”. 

Es decir, se dejó claro en la Ley que en este país está prohibída la discriminación por “preferencias sexuales”, así como toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, género, edad, discapacidades, condición social, condiciones de salud, opiniones, estado civil o cualquiera que atente contra la dignidad humana, lo cual, sin duda, es muy positivo, ya que de esta forma contamos con un marco legal aún más protector respecto el derecho humano de toda persona a la no discriminación.

Si prestamos atención, nos daremos cuenta que cada vez es más frecuente encontrarnos parejas del mismo sexo en la calle, en reuniones, en el trabajo, en nuestro círculo de amigos, incluso en series de televisión que se producen en México y otros países, se abordan relaciones entre personas del mismo sexo. Y esto, a la sociedad, nos es útil, porque nos educa de alguna forma a favor de la diversidad.

A pesar de ello, aún persisten prejuicios y rechazo en personas heterosexuales hacia la comunidad gay, siendo probablemente los que más duelen, los de sus propios padres. Basta re leer publicaciones que se han vuelto virales de forma reciente, como la de Rodrigo en Twitter: “Al final del día mis padres no ven que me gradué de médico con 23 años, que sé dos idiomas, que he vivido y aprendido la cultura de cinco países, que emigré solo y he logrado mucho estando solo, sólo ven que soy gay, que me acuesto con hombres, y eso siempre, para ellos, va a opacar todo”.

Sin duda, la publicación nos permite descubrir el sufrimiento de una persona y la consecuencia real que tienen los prejuicios y la discriminación. Esto sucede porque los derechos humanos tienen una relación directa, intrínseca, con la dignidad humana, por ello, que no nos asombre que cuando se vulneren, nos afecte profunda, hondamente. Además, es importante mencionar las veces que sean necesarias, que la homosexualidad no es una enfermedad, de hecho la Organización Mundial de la Salud, OMS, la desclasificó en 1990 como tal.

En el caso de servidores públicos, quienes a final del día son precisamente garantes de derechos humanos, es decir, quienes deben respetarlos, protegerlos, promoverlos y garantizarlos; como docente de la materia de Derechos Humanos en la Academia de Policías de Toluca, procuro reiterar a cadetes, el derecho de toda persona a no ser discriminada por diversos motivos, entre ellos, la preferencia sexual; dado que deben actuar según lo que mandate la Ley y no en base a creencias u opiniones personales. Pero, ojo, que no se nos olvide que tanto agentes del estado como particulares, ambos, podemos violar derechos humanos.

Lógicamente, resulta mucho más doloroso cuando quien transgrede uno de nuestros derechos es la propia familia. Por tanto, ojalá que a todos los padres les ganara el amor y no los prejuicios, especialmente en el momento en que su hijo decida sincerarse  con ellos, con los suyos. Para nosotros, la sociedad, la tarea no es distinta.